1687 – 1717

Terminado el templo en 1701, se comienza su ornato. Una de las primeras obras en realizarse, en plena efervescencia constructiva, es la nueva imagen del titular de la capilla, que una vez concluida, presidiría el retablo que había realizado Luis de Figueroa en 1627. Se trata del conjunto de San José con el Niño. La escultura fue encargada al escultor Agustín de Perea, al que se le pagó, en 1694, conjuntamente con los dos ángeles que lo coronan.

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Ya concluida la obra arquitectónica y como colofón a las mismas se realizan las dos portadas, tanto la del evangelio como la de los pies. En ambas, los diseños escultóricos fueron realizados, en 1716, por Lucas Valdés y las esculturas, al año siguiente, en barro cocido, por Juan de Dios Moreno. De ellas solo se conserva íntegra la decoración del la puerta del evangelio, formada por el relieve de los Desposorios de la Virgen y san José, san Pedro y san Pablo, y las dos doncellas alegorías de las virtudes del santo patriarca, la Castidad y la Mansedumbre. De la portada de los pies, que fue derribada para la ampliación de la capilla, la imagen de San José con el Niño en los brazos, alojada en la hornacina de la actual portada. En el interior, en la nave, los dos retablos con columnas salomónicas que se encuentran adosados a los muros. Al centro de ambos retablos, en dos óvalos, aparecen representados la Enseñanza de la Virgen, en el evangelio, y los Desposorios, en el de la epístola. No se tienen noticias de los artífices de los mismos, pero los relieves, por las características estilísticas y formales, habría que asociarlos con los seguidores de Pedro Roldán y, más concretamente, con su nieto Pedro Duque Cornejo.

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Con el último escultor, también, se relacionan las imágenes del actual retablo mayor de San Joaquín con la Virgen en los brazos y Santa Ana, a los lados de su hornacina principal y la escultura de pequeño tamaño de San José con el Niño en los brazos de la hornacina que se encuentra a los pies del templo. Al igual que los retablos,entre los años 1704 y 1717, fueron realizadas las celosías de las dos tribunas, que abren al tercer tramo de la nave, con suntuosos y carnosos tallos vegetales.

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Por las mismas fechas, o algo más tardías, son las pinturas murales que decoran la bóveda de cañón con arcos fajones y lunetos que cubre la nave. Al centro de los tramos de la bóveda, en el primero y segundo se han perdido como consecuencia del incendio de 1931, una gran macolla vegetal, rodeada de angelitos, algunos de ellos con instrumentos musicales. En los lunetos se representan pasajes de la Vida de la Virgen y San José. En el sentido de las agujas del reloj, comenzando por el lado del evangelio, desde los pies a la cabecera, y al contrario en el de la epístola, para terminar nuevamente a los pies de la nave, se representan el ¿Descanso en la huida a Egipto?; la Sagrada Familia; la Anunciación; la Adoración de los Reyes Magos; la Sagrada Familia itinerante y el ¿Taller de Nazaret?. Por desgracia el mal estado de conservación de las mismas, especialmente en el primer tramo de la nave, donde prácticamente casi se han perdido, no permite fijar con exactitud el tema representado. A falta de estudios más profundos, en un primer momento, habría que asignar su autoría al círculo de Domingo Martínez.

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