La Capilla, Patrimonio Histórico de Sevilla.

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Se puede decir, sin miedo a equivocarnos, que la capilla de San José es uno de los espacios más significativos y sorprendentes que se conservan en la ciudad. Significativo, por ser posiblemente donde mejor se refleja la cultura sevillana del siglo XVIII. Su construcción se debe a una iniciativa civil, la del Gremio de Carpinteros de lo Blanco, quienes, en los momentos de apuros económicos, recurrieron a las limosnas de los sevillanos. La mayoría de los artistas y artífices que intervienen en el proceso fue de forma desinteresada y altruista. En su diseño participan todos los miembros de la corporación, por lo que la cultura popular está fundida con la culta, dando un resultado único e irrepetible. Sorprendente, por ser un espacio casi irreal, ilusorio, donde se pierde la escala humana. Toda referencia arquitectónica ha sucumbido en favor de la talla en madera y la acumulación decorativa, abigarrada, donde las líneas onduladas y curvas triunfan sobre el orden y la lógica. Es el culmen, el no va más, del barroco sevillano. Es la obra que pone el colofón, el broche final, a un periodo de intensa actividad creativa, que tantos y magníficos ejemplos dejó en nuestra ciudad. Es un cofre, un estuche de las maravillas, según palabras de Bonet Correa, donde se alcanzó el ideal de los carpinteros, el de hacer “una obra de tal especialidad” que no tuviese “parangón en Sevilla”. A ello, contribuye su pequeño tamaño, casi una miniatura, y los juegos de luces y sombras que originan los rayos del sol al incidir sobre la profusión de dorados, policromías y espejos, que la hacen asemejarse a una cuerva, una gruta, volviendo a parafrasear a Bonet, de un inestimable y alto valor artístico, histórico y cultural para la ciudad hispalense. La importancia de la Capilla, dentro del rico y variado conjunto del Patrimonio Histórico sevillano, la hicieron merecedora de la declaración de Monumento Nacional en 1912, hoy Bien de Interés Cultural, mucho antes que la propia Catedral, en 1928, y la Colegial de el Salvador, en 1985.

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A nivel religioso - espiritual, la capilla sigue siendo uno de los templos más venerados y de mayor referencia en la capital hispalense. La labor desarrollada por los Hermanos Menores Capuchinos, a quienes los carpinteros, en 1916, les encargan el cuidado del culto divino y que, posteriormente, en 1964, al extinguirse la Hermandad, les ceden la capilla, es realmente encomiable. La simplicidad, el espíritu misionero, la cercanía al pueblo, al que atienden en sus necesidades con los escasos recursos económicos que poseen, son las características principales de estos hijos de San Francisco de Asís. Al tradicional culto a San José, que no solo han conservado, sino también acrecentarde, han sabido fusionarlo con las devociones propias de la Orden: la de la Divina Pastora, la del Cristo de Medinaceli, la de las Tres Ave Marías y, la más reciente, la de Fray Leopoldo de Alpandeire.

La capilla, sorprendente e inesperada, en pleno centro de Sevilla, cautiva a los cientos de sevillanos y extranjeros que traspasan diariamente sus puertas, ya sean por necesidades espirituales, por simple curiosidad o por el mero deleite estético. Entre sus admiradores más reconocidos, habría que destacar al escritor y periodista Arturo Pérez Reverte, que la convirtió en la protagonista indiscutible de su novela La piel del tambor. Si bien, la maquilló bajo el nombre de la Iglesia de Nuestra Señora de las Lágrimas y la situó en el barrio de Santa Cruz. Por algo, dice que “mi iglesia favorita (de Sevilla) es la capilla de San José”.

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